dimanche 18 mai 2008

Reflexiones sobre el Sistema Binominal chileno

Por Magdalena Gonzalez

Desde el retorno a la democracia en Chile, el debate nacional público se ha concentrado en el reforzamiento de esta democracia y en una búsqueda constante para que este modelo político se consolide y funcione mejor dentro de nuestro país. Es así, que uno de los problemas mas relevantes ha sido el cuestionamiento del sistema binominal chileno. En efecto, este sistema ha sido fuertemente criticado por ciertos partidos políticos y por la sociedad civil ya que iría en contra de la pluralidad política que tendría Chile. Una de las propuestas políticas de la Presidenta Michelle Bachelet, ha sido de cambiar este sistema electoral singular. Este cambio tendría implicancias para la gobernabilidad y la polarizacion política chilena. Por lo tanto, este análisis tendrá como objetivo de estudiar a fondo este sistema, tomando en cuenta su contexto histórico y actual, para, luego, mostrar las diferentes visiones que se contraponen, y terminar por entregar una recomendación personal de cómo, políticamente, se debería actuar respecto a esta problemática.

Antes de profundizar sobre el tema, es importante empezar por una breve definición del sistema binominal. El sistema binominal es un sistema electoral que rige la selección de los representantes al Congreso, y esta regulado en la ley orgánica constitucional 18.700 sobre Votaciones Populares y Escrutinios. La elección de estos representantes se da por un sistema proporcional con lista abierta. Sin embargo, si bien el sistema es proporcional entre las listas, se aplica, no obstante, el principio mayoritario ya que la primera mayoría se queda con uno de los cupos. La lista que logre la segunda mayoría se queda con el otro cupo. Este sistema implica que un pacto debe obtener el 33,4% de los votos en el caso que existan dos pactos en competencia. Por lo tanto, el pacto que desee obtener los dos asientos del distrito o circunscripción deberá doblar al segundo pacto, lo que se obtiene al conseguir un 66,7% de los votos. A mayor número de pactos, el porcentaje necesario para lograr la segunda banca disminuye y las posibilidades para el tercer pacto de acceder a algún escaño son extremadamente bajas. Por ende, el sistema binominal genera fuertes incentivos para que los partidos pequeños compitan al interior de un pacto que tenga posibilidades altas de alcanzar una mayoría de al menos un tercio de la votación. Aunque hayan habido casos muy excepcionales en donde candidaturas independientes han podido ganar un asiento en el Congreso, este sistema favorece claramente a los dos grandes bloques políticos chilenos, es decir, la Concertación (DC, PS, PPD, PRSD), y la Alianza por Chile (UDI, RN). Es interesante notar que Chile es, actualmente, el único país en el mundo en poseer este sistema electoral. En efecto, el sistema binominal, que encuentra su origen histórico en la Polonia de Jaruzelski, fue heredado en Chile por la dictadura de Pinochet (1973-1989) ya que fue diseñado por el ideólogo Jaime Guzmán e impuesto por la Constitución de 1980. El objetivo de implantar este sistema bipartidista era aislar del Congreso a partidos políticos izquierdistas de carácter mas bien marxistas (lo que vendría siendo hoy día el Juntos Podemos). Desde entonces, los gobiernos de la Concertación han hecho una serie de proyectos de ley que modificarían el sistema binominal.
Ahora bien, debemos tomar en cuenta las diferentes visiones que se enfrentan respecto a este tema. Por un lado, tenemos una perspectiva a favor del sistema binominal, oponiéndose así a cualquiera modificación. Por otro lado, esta la visión que esta en contra de este sistema electoral y que pide un cambio urgente de este. Para poder entregarle un análisis riguroso y serio sobre esta materia, considero que debemos tomar en cuenta estas dos opiniones para después poder enfocarnos en la posición, que pienso, ser la más progresista, justa y democrática.
El principal argumento a favor del sistema binominal se da respecto a la eficacia de la gobernabilidad política. La meta de este sistema electoral es la disminución del fraccionamiento del sistema de partidos chilenos y a través de esto, el aumento de la gobernabilidad. Así mismo, esto incentiva a los partidos políticos chilenos formar coaliciones puesto que individualmente no logran obtener los votos necesarios para ocupar un cargo. Se crea entonces una necesidad de formar pactos lo que lleva a los partidos a negociar. Estas negociaciones hacen necesaria la moderación de las posiciones de los distintos grupos. Por lo tanto, los grupos más radicales, como el Partido Comunista, que no acceden a moderar sus agendas y buscar puntos de acuerdo quedan fuera de la competencia. El incentivo a pactar ha generado también una competencia electoral bipactista reduciendo así la cantidad de partidos que entran al parlamento y aumentando con esto la efectividad del sistema. Debido a que el sistema distribuye los escaños de forma bastante proporcional, los que se muestran a favor del sistema binominal, consideran que no se ha destruido el natural pluripartidismo chileno, sino que este se ha transformado en un multipartidismo moderado, dándole mayor estabilidad al sistema político a través la formación de las dos grandes coaliciones actuales.
Por otro lado, tenemos la visión opuesta que se manifiesta en contra del sistema binominal. Las críticas son diversas. Primero que todo, este sistema favorecería a la Oposición ya que la segunda coalición mas votada siempre gana mas que la coalición que obtuvo mas votos. En efecto, si consideramos los resultados de la Cámara, en el caso de la Concertación, una alza en la votación de 1% le significaría un alza promedio de 0,43% de escaños. En cambio, para la Alianza por Chile, el incremento de su votación en 1 punto se traduce en un número superior de escaños (0,9% como promedio). En promedio, en el Senado, la Concertación se ha visto sobre representada en un 0,2% entre 1989 y 2005 y la Alianza en un 8,4%. Por otro lado, el distritaje actual distorsiona la representación de las regiones ya que no es proporcional al número de electores. Se producen fuertes diferentas en circunscripciones senatoriales por cuanto en regiones con una población muy baja (como la XI) elige el mismo número de senadores que una circunscripción que tiene más de 1,5 de electores. Existe una desproporcionalidad en el distrito pese a que sea menor. Además, se le critica la discriminación contra los partidos pequeños (como el Partido Comunista), incentiva a la formación de coaliciones pero genera alta competencia al interior de las coaliciones, no reduce el numero de partidos, contribuye a desincentivar la participación electoral. En efecto, esta ultima critica se explica por el hecho que el sistema binominal genera muy poco incentivos para que la ciudadanía se interese en participar del ciclo electoral. En este sentido, el sistema electoral tiene un efecto indirecto en la disminución de la participación de la ciudadanía ya que los votantes no tienen ingerencia en la decisión sobre las candidaturas ya que la representación se desvirtúa en la medida que las dos principales coaliciones obtienen mas escaños que la proporción de votos obtenidos.
Las críticas en contra del sistema binominal son numerosas pero he anunciado las más relevantes. Ahora bien, mi opinión respecto al tema apoya totalmente la visión en contra de este sistema electoral ya que es claramente poco democrática puesto que es poco efectivo y no contribuye a una mejor gobernabilidad política. Por lo tanto, las recomendaciones para construir un Chile más eficaz y representativo políticamente son las siguientes.
Primero que todo se requiere un sistema que resuelva los serios problemas de representatividad del sistema actual. Debe tenerse en cuenta una serie de normas adicionales que son parte del sistema electoral como el mecanismo para la designación de candidatos, la existencia de primarias internas en los partidos, la vinculación entre el sistema electoral y mecanismos acción afirmativa, etc. Por otra parte, es necesario un sistema que evite la fragmentación excesiva de los partidos políticos ya que existe une gran continuidad en la cantidad de partidos existentes por lo que resulta recomendable modificar el actual sistema para que sea mas congruente en el multipartidismo, sin dejar de establecer algún tipo de estimulo a la formación de coaliciones. De esta manera, seria importante rebajar las barreras de entrada actuales que impiden la inclusión de terceras coaliciones. Asimismo, se requeriría de un sistema más competitivo donde se evite el complejo escenario actual de alta certeza sobre quien triunfara en una elección. Dicha certeza desincentiva la participación ciudadana y aleja a los potenciales electores de sus representantes por lo que nos encontramos en un déficit democrático.
Ahora bien en lo que concierne la modificación del modo de escrutinio existen varias posibilidades: una aumentación de la cantidad de representantes que seria elegidos por otro modo que no seria el binominal lo que facilitaría el acceso a las pequeñas coaliciones, una aumentación de la elección de dos a cuatros representantes por distritos y/o por circunscripción, hacer que una formación política que obtuvo mas del 5% en las elecciones y que no hayan obtenido representantes en el senado (como el caso del Partido Comunista), tenga derecho a tener un elegido en la asamblea. Se debe promover un sistema electoral que represente a las minorías otorgándoles el derecho real y efectivo, en igualdad de condiciones de participar, con sus ideas, en la toma de aquellas decisiones que determinan el futuro de la nación.
A modo de conclusión, es importante terminar diciendo que los sistemas electorales son parte fundamental del sistema democrático. Las normas que establecen el juego democrático pueden afectar las relaciones de poder entre las diversas fuerzas políticas, afectar la capacidad de los partidos de generar acuerdos, promover las coaliciones y producir mayor fragmentación política. Es por eso que es clave una modificación del sistema binominal para poder avanzar como país y consolidar la democracia a través de un mejoramiento de la representatividad sin que afecte, pero al contrario, incentive a una mejor gobernabilidad y, por ende, eficacia política en asuntos que nos conciernen a todos.

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